¡Mírame!
Hay obras que definen una figura, un rostro, mientras que otras representan símbolos identitarios de nuestra sociedad. La mayoría son obras que confirman el hecho de que en realidad todos nos vemos como imagen.
La muestra indaga sobre el género del retrato a través de un laberinto de miradas que interrogan sobre cómo nos vemos y nos construimos.
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PINTAR, FOTOGRAFIAR, DIBUJAR... EL ARTE NOS HA DESCUBIERTO QUE RETRATAR NO ES REPRODUCIR SINO QUE ES CREAR UNA IMAGEN, Y, EN DEFINITIVA, CONSTRUIR UNA FICCIÓN
El retrato ha sido tradicionalmente un medio para crear la imagen propia de un personaje y distinguirla del resto de la sociedad. La fidelidad y la semejanza con el sujeto retratado han sido condición esencial, aunque el fin último siempre ha sido reflejar su identidad. Y es aquí donde el arte nos plantea interrogantes: pintar, fotografiar, dibujar... no es reproducir o revelar un "yo" sino que es crear una imagen. Popularmente decimos que "la cámara no miente", pero todos sabemos que en el retrato hay algo de ficción, que en realidad es una "re-presentación".
El retrato ha llegado a nuestros días ampliando su definición. Con nuevos conceptos, técnicas y lenguajes, el arte más reciente despliega múltiples posibilidades de producir imágenes de la condición humana y de explorar la compleja noción de identidad, así como las implicaciones sociales que esta conlleva.
"¡Mírame! Retratos y otras ficciones" reúne una cuarentena de obras de reconocidos artistas seleccionados de la Colección de Arte Contemporáneo "la Caixa". Desplegando una gran diversidad de prácticas (fotografía, pintura, escultura, film y vídeo), la exposición introduce al espectador en un laberinto de miradas que lo interrogan desde cuatro perspectivas: La memoria del rostro, Las convenciones de la identidad, La representación de la emoción y Con ficciones y máscaras.
La mayor parte de los artistas ponen a prueba los cánones normativos del género del retrato explorando sus artificios, cuestionando las convenciones de la sociedad y replanteando los conceptos de verdad, apariencia y representación. Algunos artistas se interesan por la objetividad y la anonimidad del retrato, mientras que otros desarticulan roles sociales y abordan la problemática de representar la identidad, especialmente cuando esta noción ya no es estable y predeterminada sino que es fluida y ambigua. Hay obras que definen una figura, un rostro, mientras otras representan símbolos identitarios de nuestra sociedad. Y todas tratan de indagar en la propia naturaleza de la imagen.
CUATRO ÁMBITOS TEMÁTICOS
La emoción a escena: a lo largo de la historia, los artistas han catalogado las emociones hasta el punto de que actualmente apenas existe una emoción sin su representación. La fotografía y el vídeo marcaron un cambio en la experiencia del retrato, ampliando el repertorio y enfatizando la fascinación que produce la propia imagen como artificio de la expresión humana. Por otra parte, la vida cotidiana actual que nos empuja a adoptar diferentes roles sociales ha llevado a algunos artistas a representar un repertorio sucesivo de emociones de un mismo rostro como metáfora de la identidad múltiple del sujeto contemporáneo. Las convenciones de la identidad: el retrato se encuentra inevitablemente sujeto a la identificación social y a los cambios ideológicos. Este ámbito reúne obras que, bajo distintas perspectivas, analizan y cuestionan convenciones de la identidad, sean de género y raza, como de la sociedad del espectáculo. También se distingue aquí la diversidad de técnicas utilizadas en la creación de retratos, así como la cantidad de símbolos que definen socialmente al individuo.
La memoria del rostro: desde la antigüedad, el retrato ha estado ligado a la memoria. Hay artistas que exponen la dificultad de preservar su imagen, mientras que otros juegan con sus autorretratos como medida del tiempo, y convierten la realidad de su imagen en documento registral. Otros artistas se han apropiado de archivos fotográficos, cuyas imágenes reciclan para crear nuevos espacios de experiencia de nuestra memoria social. El retrato se originó como memoria, pero finalmente su creación genera una nueva realidad que desplaza a la primigenia y logra desvanecerla. Máscaras y otras ficciones: la máscara fija el rostro en una imagen única y determinada, de lo cual cabe deducir que todo retrato es una máscara. La característica de la máscara es que reduce el rostro a un arquetipo llegando a sustituir los rasgos individuales. Asimismo, la máscara siempre oculta un rostro, a la vez que le proporciona una nueva imagen, que en ocasiones es la única que proyecta y que se reconoce socialmente.



