Pintura flamenca y holandesa de los Museos de Ginebra

 

A lo largo de los siglos XVI y XVII, y a pesar de los conflictos, los Países Bajos del norte y del sur conocen un desarrollo económico sin precedente debido, en parte, a los logros comerciales de los puertos de Amberes y Ámsterdam. El próspero comercio y el rápido aumento de la riqueza contribuyeron a la consolidación de un mercado del arte. En las cortes europeas, así como en algunos círculos privados, aparecen nuevos mecenas y coleccionistas. Se multiplican los talleres y la profesión de marchante pasa a ser un oficio atractivo.


A esta demanda se suma el ingenio de los artistas, que conciben temas hasta entonces inexistentes. La especialización progresiva en géneros particulares permite la aparición de nuevas tradiciones pictóricas: paisajes serenos y bosques impresionantes, escenas de la vida cotidiana, tabernas, naturalezas muertas o floreros complejos. La exposición propone enfocar una selección de obras de los siglos XVI y XVII de la pintura flamenca y holandesa bajo el impacto de los nuevos temas iconográficos, tanto sobre los artistas y sus talleres como sobre el incipiente mercado del arte y el círculo cada vez mayor de los amantes de la pintura.